Durante años, la minería sonaba a pasado en el Reino Unido, a pozos cerrados y humo en blanco y negro. Ahora el país vuelve la vista al subsuelo porque allí esconde algo que hoy puede valer más que el propio oro. Son los minerales críticos, los metales que permiten que funcione el móvil, la batería del coche eléctrico, las redes de datos y los parques eólicos del mar del Norte.
El UK Critical Minerals Intelligence Centre, coordinado por el British Geological Survey, acaba de actualizar su gran radiografía sobre este asunto. El informe identifica 34 minerales críticos para la economía británica y para tecnologías clave de descarbonización, desde las baterías de litio hasta los imanes de las turbinas eólicas y los vehículos eléctricos. Entre los diez más sensibles aparecen el cobalto, las tierras raras, el germanio o el tungsteno, todos con un papel central en la transición energética y también en la defensa.
El propio BGS recuerda que las tecnologías limpias son muy intensivas en minerales y que la demanda mundial de varios de estos materiales podría multiplicarse por cuatro de aquí a 2040 en un escenario compatible con la neutralidad climática a mitad de siglo. En la práctica significa que cada nuevo parque eólico, cada flota de autobuses eléctricos y cada ampliación de un centro de datos empuja un poco más esa demanda. La cuestión ya no es si harán falta más minerales, sino de dónde saldrán y con qué reglas se extraerán.
La paradoja es que el Reino Unido produce solo una parte de lo que necesita y, sin embargo, está sentado sobre un potencial notable. El director del centro, Gavin Mudd, señala que el país exporta alrededor de 2.000 toneladas de tungsteno al año, pero que nuevas técnicas de recuperación permitirían elevar esa cifra hasta unas 15.000 toneladas, casi una quinta parte de la producción mundial. A esto se suma el interés renovado por el litio y el estaño de Cornualles y por las posibles tierras raras asociadas al mineral monacita en zonas de Gales y Escocia, recursos que vuelven a revisarse tras décadas de relativa indiferencia.
La nueva estrategia británica de minerales críticos, integrada en la Visión 2035, quiere aprovechar ese margen. El plan pasa por aumentar la producción interna y desarrollar más capacidad de procesamiento intermedio, es decir transformar el mineral en productos de mayor valor para baterías, imanes o aleaciones avanzadas. El objetivo es cubrir una parte mayor de la demanda del país con recursos y capacidades propias, reducir la dependencia del exterior y apoyar la industria ligada a la transición ecológica.
En este tablero no se puede ignorar a China. Pekín domina gran parte del refinado mundial de tierras raras y otros minerales críticos. Desde 2023 ha impuesto distintas restricciones a la exportación de materiales como el galio, el germanio, el antimonio o ciertos productos de grafito, y en diciembre de 2024 llegó a prohibir vender varios de estos metales y materiales de doble uso a Estados Unidos. Incluso aunque algunas medidas se hayan suavizado después, el mensaje para Europa y el Reino Unido es claro y recuerda que las cadenas de suministro de vehículos eléctricos, renovables y electrónica avanzada dependen de muy pocos actores.
Que el Reino Unido y otros países europeos quieran aprovechar mejor sus recursos no significa barra libre para abrir minas sin control. El propio BGS insiste en que asegurar el suministro pasa por tres frentes que deben avanzar a la vez. Más exploración y minería donde haya condiciones sociales y ambientales adecuadas. Más reciclaje y economía circular para recuperar metales de residuos, baterías y chatarra. Y más innovación para usar menos material por unidad de energía o servicio.
En el fondo, la idea de que el Reino Unido está sentado sobre un tesoro mejor que el oro no habla solo de riqueza económica. Habla de la posibilidad de construir una transición ecológica más segura, en la que las decisiones sobre dónde y cómo se extraen los minerales vayan de la mano de los objetivos climáticos, de la protección del territorio y de los derechos de las personas que viven encima de esos yacimientos.
La nota de prensa oficial que resume estas conclusiones se ha publicado bajo el título UK 2024 Criticality Assessment published y está disponible en la web del British Geological Survey, accesible a través de esta página del BGS.










