Un panel negro, vertical y del tamaño aproximado de una ventana doméstica ha logrado convertir humedad ambiental en agua potable sin enchufes, baterías ni partes móviles. El dispositivo, desarrollado por un equipo de ingenieros del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha sido ensayado durante una semana en Death Valley (California), uno de los puntos más áridos de Norteamérica, con una producción diaria de entre 57 y 161,5 mililitros, incluso con humedades relativas cercanas al 21%.
La investigación se enmarca en un problema que las instituciones internacionales describen como estructural. La OMS explica que, según la actualización de 2023 del programa conjunto de seguimiento (JMP), en 2022 el 27% de la población mundial (2.200 millones de personas) no tenía acceso a “agua potable gestionada de forma segura”, entendida como agua disponible en el hogar, cuando se necesita y sin contaminación.
Un “destilador” vertical que trabaja con el ciclo día y noche
El sistema del MIT combina dos piezas clave. Por un lado, un hidrogel higroscópico (un polímero capaz de absorber vapor de agua) moldeado en una geometría de pequeñas cúpulas que incrementan la superficie de contacto con el aire. Por otro, una cámara de vidrio recubierta con una película polimérica que favorece el enfriamiento del cristal y, con ello, la condensación del vapor liberado por el propio gel durante el día. El agua resultante escurre por gravedad y se recoge en un tubo, sin bombeo y sin consumo eléctrico directo.
El funcionamiento se apoya en una dinámica simple. Al llegar la noche es cuando la humedad relativa suele repuntar incluso en climas extremos, ya que el hidrogel captura vapor y se hincha. Con el aumento de temperatura diurna, ese vapor se libera, condensa en el vidrio y termina transformado en agua líquida. En el ensayo del desierto, el equipo midió rendimiento en un rango amplio de humedad (21% a 88%), con una producción máxima diaria en torno a los 160 mililitros, algo menos de dos tercios de una taza.
La pieza crítica es la química, no solo la forma
Los dispositivos de captación atmosférica basados en materiales absorbentes suelen apoyarse en sales para aumentar la “sed” del sistema. El problema es conocido en la literatura y en la práctica. Si la sal migra al agua recogida, el resultado deja de ser directamente bebible y obliga a incorporar filtrados o tratamientos adicionales.
El artículo científico del equipo, publicado en Nature Water, subraya precisamente ese cuello de botella y lo aborda con una formulación que busca estabilizar el cloruro de litio dentro del gel mediante glicerol, además de una microestructura que limita la fuga de iones. Los autores informan de concentraciones de litio por debajo de 0,06 partes por millón en el agua obtenida, dentro de márgenes de seguridad que, en su planteamiento, permiten evitar etapas complejas de depuración.
Qué significa producir 161 mililitros al día
La cifra, por sí sola, no cubre las necesidades hídricas de una persona. Su interés está en otro sitio. Primero, en demostrar que un equipo pasivo y de escala “doméstica” funciona fuera del laboratorio y en condiciones de baja humedad, donde muchos diseños se desploman. Segundo, en que el propio MIT plantea el sistema como modular. “Now people can build it even larger, or make it into parallel panels”, sostiene Xuanhe Zhao, uno de los autores, al describir la posibilidad de aumentar la producción mediante varios paneles en paralelo.
Este enfoque abre escenarios de uso que no compiten necesariamente con redes de abastecimiento, sino que las complementan en contextos frágiles. Hogares aislados, instalaciones temporales, emergencias por sequía y puntos donde el transporte de agua encarece el suministro. En paralelo, el rendimiento debería mejorar en climas con mayor humedad ambiental, lo que desplaza el foco desde el “milagro en el desierto” hacia un abanico más amplio de geografías.
La carrera por “minar” agua del aire
La captación atmosférica vive desde hace años una fase de exploración intensa. Entre los materiales más estudiados figuran las estructuras metal orgánicas porosas (MOF), con buenos resultados de adsorción, pero con retos de coste y escalado industrial. El MIT, en cambio, apuesta por un material blando que cambia de forma al cargarse de agua y que, según el equipo, permite aumentar la capacidad efectiva de captura, algo limitado en materiales rígidos.
Aun así, conviene leer esta línea de investigación con una cautela que también aparece en boca de sus autores. “This is just a proof-of-concept design”, afirma el investigador principal del artículo, Chang Liu, al enumerar posibles optimizaciones, desde configuraciones multipanel hasta mejoras en propiedades intrínsecas del hidrogel.
En términos de intención práctica, el atractivo del prototipo no es la promesa de abastecer ciudades, sino la de ofrecer una tecnología simple, pasiva y relativamente mantenible allí donde la infraestructura falla o no llega. Un matiz relevante en un debate global sobre el agua que, además de escasez, es desigualdad de acceso.












