La imagen clásica de las cuatro estaciones que avanzan ordenadas por el planeta se nos está quedando corta. Una nueva investigación internacional, publicada en la revista científica Nature, ha elaborado el mapa más completo hasta la fecha del calendario de crecimiento de la vegetación en la Tierra y concluye que las estaciones no están sincronizadas ni siquiera entre lugares vecinos.
En muchos puntos del planeta, sobre todo en regiones con clima mediterráneo y en cordilleras tropicales, los picos de crecimiento de las plantas se desajustan en cuestión de decenas o cientos de kilómetros. Eso significa que la “primavera” ecológica puede llegar tarde en un valle y temprano en el siguiente, aunque el calendario marque el mismo mes. Y eso tiene consecuencias profundas para los ecosistemas y, en parte, para nuestra economía.
Un mapa global del calendario de la naturaleza
El equipo liderado por el ecólogo Drew Terasaki Hart ha analizado veinte años de imágenes de satélite para seguir, desde el espacio, cómo verdea y se apaga la cubierta vegetal del planeta. A partir de índices de luz reflejada por la vegetación, han reconstruido el ritmo anual de crecimiento de cada “píxel” de paisaje, a escala de unos pocos kilómetros, y han generado un mapa global de fenología, es decir, del momento en que las plantas crecen, florecen o reducen su actividad.
Hasta ahora muchos métodos asumían ciclos simples, con una estación de crecimiento bien marcada, algo que funciona razonablemente en gran parte de Europa o Norteamérica. Pero en los trópicos y en las zonas áridas el patrón es mucho más sutil. El nuevo enfoque, más flexible, permite captar ciclos con uno o dos picos de actividad y combinaciones intermedias que antes pasaban desapercibidas.
Hotspots en climas mediterráneos y montañas tropicales
El resultado más llamativo del trabajo es la aparición de “hotspots” de asincronía estacional. Son regiones en las que el calendario de las estaciones ecológicas cambia bruscamente en distancias relativamente cortas. La nota de prensa del propio equipo señala que estos puntos calientes se concentran sobre todo en climas mediterráneos y en montañas tropicales.
En los cinco grandes climas mediterráneos del planeta, entre ellos la cuenca del Mediterráneo donde vivimos, los datos muestran un patrón de doble pico en la actividad de las plantas. Los bosques alcanzan su máximo de crecimiento aproximadamente dos meses más tarde que otros ecosistemas cercanos, y además se comportan de manera muy distinta a las tierras secas vecinas, donde la lluvia veraniega manda más que el invierno suave.
En las montañas tropicales el mosaico se complica todavía más. Las laderas, los valles y las cumbres modifican las corrientes de aire y las lluvias, de modo que la “temporada buena” para las plantas no llega a todas partes al mismo tiempo. Los autores apuntan que estos patrones siguen siendo poco comprendidos y que podrían ser clave para explicar la distribución de especies en algunas de las zonas con más biodiversidad del planeta.
Impacto en la biodiversidad y en la vida diaria
¿Qué implica todo esto para la vida que depende de esas plantas? Si en dos áreas cercanas el alimento o el refugio aparecen en semanas distintas, los animales ajustan también sus ciclos de reproducción y movimiento. El equipo señala que en estas regiones la disponibilidad estacional de recursos puede desacompasarse de un lugar a otro y que, en consecuencia, los ciclos reproductivos de muchas especies también dejan de ir al unísono.
Cuando dos poblaciones de la misma especie crían en momentos diferentes, se cruzan menos entre sí. Con el tiempo esto puede provocar diferencias genéticas y, en algunos casos, la aparición de nuevas especies. El estudio muestra que los hotspots de asincronía estacional se solapan con muchos hotspots de biodiversidad y plantea que este desajuste temporal podría ser una pieza importante del rompecabezas de por qué estas zonas concentran tanta vida distinta.
La investigación llega incluso a la escala de la agricultura. El mapa de temporadas elaborado con satélites reproduce, por ejemplo, la compleja geografía de las cosechas de café en Colombia. Fincas separadas por unas horas de coche, en distintas vertientes de una cordillera, pueden tener calendarios de floración tan distintos como si estuvieran en hemisferios opuestos.
Qué nos cuentan las plantas sobre el clima
El crecimiento de las plantas depende sobre todo de la luz, la temperatura y el agua disponible. En zonas con viento fuerte y constante, los árboles pueden tener más dificultades para crecer. A diferencia de muchos animales, las plantas pueden seguir desarrollándose durante siglos y algunas especies de grandes coníferas alcanzan edades cercanas a los 3 000 años. Esa capacidad de crecimiento prolongado las convierte en excelentes testigos de los cambios en el clima local.
La nueva cartografía no demuestra por sí sola que el cambio climático sea el responsable de estos desajustes, ya que se centra en describir los patrones medios de las últimas dos décadas. Sin embargo, como recuerda el propio Terasaki Hart, entender cómo se distribuyen las estaciones en el espacio y en el tiempo es fundamental para prever los efectos del calentamiento global sobre las especies, los ecosistemas y también sobre actividades humanas como la agricultura.
En la práctica, esto significa que en regiones mediterráneas como España no basta con mirar el calendario cuando pensamos en floraciones tempranas, alergias o riesgo de incendios. Importa en qué valle estamos, en qué ladera se asientan nuestros cultivos o nuestros bosques y cómo encajan en ese mosaico de estaciones desacompasadas que ahora empezamos a ver desde el espacio.
El estudio científico que describe este mapa global de las estaciones se ha publicado en la revista “Nature” y puede consultarse en Global phenology maps reveal the drivers and effects of seasonal asynchrony.










