La pregunta se repite desde hace décadas, casi siempre con la misma respuesta equivocada. No, la Gran Muralla Chinano se distingue “a simple vista” desde el espacio. La propia NASA explica en su web que, pese al mito, “es difícil o imposible verla desde la órbita terrestre” sin lentes potentes.
En cambio, en el sureste español hay una superficie que sí aparece con una claridad llamativa en las imágenes de observación de la Tierra. Se trata del “mar de plástico” de Almería, un continuo de invernaderos en torno a El Ejido y la llanura del Campo de Dalías que, en condiciones de buena visibilidad, ofrece un contraste mucho mayor que la piedra antigua o las obras lineales que se confunden con el relieve. La NASA lo describió en 2022 a partir de capturas de Landsat 9, donde el área se aprecia como una gran mancha blanquecina junto a la costa.
Por qué el “mar de plástico” resalta tanto
El factor determinante no es un diseño monumental, sino la física del reflejo. Los techos de los invernaderos, cubiertos de plástico claro, incrementan la reflectividad del terreno y devuelven hacia arriba una fracción mayor de la radiación solar. En imágenes en color natural, el resultado es una extensión brillante que contrasta con el entorno más árido del sureste peninsular.

La clave adicional es la continuidad. La percepción humana identifica con mayor facilidad una gran “alfombra” uniforme que un elemento estrecho o del color del paisaje. De ahí que una obra como la muralla, pegada a montañas y tonos terrosos, sea difícil de separar del fondo incluso desde órbita.
Dónde está y cuánto ocupa realmente
La escala se mide en hectáreas. La cartografía oficial de la Junta de Andalucía (basada en información de 2021) sitúa la mayor superficie de invernaderos en Almería, con más de 32.800 hectáreas en la provincia y una concentración muy marcada en el Campo de Dalías, que ronda las 22.200 hectáreas.
En paralelo, la NASA recoge que, “según algunas estimaciones”, el conjunto habría superado las 40.000 hectáreas al extenderse a zonas colindantes (dato que también confirma la Junta de Andalucía). La diferencia ilustra una cuestión habitual en estos debates, el perímetro exacto varía según se contabilice solo el núcleo principal o también las áreas que han ido incorporándose con el tiempo.
Hay un segundo efecto menos intuitivo, el climático. A partir de datos de sensores MODIS, investigadores vinculados a la Universidad de Almería estimaron que el albedo superficial de la zona aumentó cerca de un 10% entre 1983 y 2006 debido a la elevada reflectividad de los invernaderos. Esa variación se asoció a un enfriamiento local del orden de 0,3 grados por década en Almería, mientras el entorno mostraba una tendencia al alza.

La propia Junta, desde otra perspectiva, insiste en el peso del debate hídrico y en la eficiencia del modelo, y llega a citar una huella hídrica muy inferior a la media nacional para la agricultura almeriense ligada a invernaderos, enmarcando el argumento en términos de sostenibilidad.
Entonces, por qué no se “ven” las pirámides
El matiz es importante. Las pirámides pueden fotografiarse desde la Estación Espacial Internacional, pero la NASA explica que esa nitidez se logra con gran aumento, mediante una lente de larga distancia focal. Es decir, no es el mismo criterio que mirar “a ojo” desde la cúpula de la estación.
La comparación deja una idea de fondo. En la era contemporánea, la señal humana más reconocible desde arriba no siempre es la piedra, sino la suma industrial de pequeñas decisiones materiales (plásticos claros, repetición, continuidad territorial) que, agregadas, transforman la apariencia de una comarca completa.
La visibilidad también alimenta el debate. La cubierta plástica exige gestión de residuos y control para que el material no termine disperso fuera de las explotaciones. En los últimos años han proliferado programas de retirada y tratamiento y, a la vez, advertencias sobre el impacto de los plásticos agrícolas si no se gestionan de forma estricta.
Al mismo tiempo, el sector explora vías de transición tecnológica para reducir presión sobre recursos y mejorar eficiencia, desde sistemas de riego más precisos hasta proyectos que integran energía solar y agricultura bajo cubierta con el objetivo de ahorrar agua.










