Un estudiante de la Universidad de Queensland ha puesto números a una de las ideas más locas de la ciencia ficción. Según sus cálculos, sería posible viajar al pasado sin romper la lógica del universo ni crear las típicas paradojas del tipo matar al abuelo. Eso sí, el precio sería alto. La historia se reajustaría a tu alrededor y el resultado final quizá no te gustaría tanto.
De Einstein a las curvas temporales cerradas
La base del trabajo está en la relatividad general de Einstein. Esta teoría admite soluciones en las que el espacio y el tiempo se curvan tanto que permiten trayectorias cerradas en el tiempo, las llamadas curvas temporales cerradas. Un objeto podría seguir ese camino, volver al pasado y encontrarse consigo mismo.
Ahí aparece el problema clásico. Si viajas atrás e impides algo que era necesario para que tú mismo hicieras ese viaje, la historia se contradice. Es la versión física del famoso ejemplo del abuelo o del paciente cero de una pandemia. Durante décadas, muchas personas han asumido que esa incoherencia era una señal de que los viajes en el tiempo no podían existir en un universo como el nuestro.
Qué aporta realmente el estudio de Tobar y Costa
Germain Tobar y Fabio Costa se han centrado en un caso muy concreto. No construyen una máquina del tiempo. Trabajan con un modelo matemático que describe cómo pueden interactuar distintas regiones del espacio tiempo cuando hay curvas temporales cerradas. El resultado es un tipo de dinámica determinista en la que las acciones locales siguen siendo libres, pero el conjunto global siempre se mantiene coherente.
Su cálculo amplía trabajos anteriores y muestra que, con un número arbitrario de regiones conectadas por estos bucles temporales, todavía se pueden encontrar soluciones donde todo encaja sin contradicciones. Lo importante es que ciertos elementos clave de la historia conserven el orden causa efecto. A partir de ahí, el resto de los detalles puede reorganizarse.
Dicho de forma más cotidiana, el universo tendría margen para recolocar las piezas del puzle, siempre que el cuadro final siga contando una historia compatible con las leyes físicas.
El ejemplo del paciente cero y la pata del mono
En las explicaciones públicas del trabajo, los autores usan un ejemplo muy cercano. Imaginas que viajas al pasado para evitar que la persona que llamamos paciente cero se contagie de COVID 19. Si lo consigues, desaparece tu motivo para viajar atrás. Y volvemos a la paradoja.
En el marco matemático de Tobar y Costa, lo que ocurre es distinto. Puedes lograr que esa persona no se infecte, pero al hacerlo quizá seas tú quien recoge el virus, o otra persona en una situación parecida. Cambian los detalles, no el resultado global. La pandemia acaba ocurriendo de todos modos y tu versión más joven sigue teniendo motivos para construir la máquina del tiempo e intentarlo.
Es una visión que se parece menos al efecto mariposa y más a un cuento tipo pata del mono. Intentas cambiar algo importante y el sistema responde con un giro inesperado que te devuelve al mismo desenlace esencial. El camino se retuerce, pero el final se mantiene.
Un guiño al principio de autoconsistencia
La idea no nace de la nada. Desde los años ochenta, el llamado principio de autoconsistencia de Novikov defiende que los viajes en el tiempo solo serían posibles si los acontecimientos se organizan de forma que nunca aparezca una contradicción. Es decir, la historia puede ser extraña, pero no puede ser imposible.
El trabajo publicado en Classical and Quantum Gravity se mueve en esa misma filosofía, aunque con herramientas matemáticas modernas. Lo que añade es que, incluso cuando se permite una variedad mucho más rica de procesos y de interacción entre regiones del espacio tiempo, sigue existiendo un margen amplio de soluciones en las que hay viaje temporal, hay libertad local para actuar y no aparece ninguna incoherencia lógica.
Entonces, ¿vamos a tener máquinas del tiempo?
Aquí llega la parte menos cinematográfica. Que las ecuaciones permitan este tipo de dinámica no significa que podamos construir un dispositivo que genere curvas temporales cerradas. Los propios autores recuerdan que sigue siendo una cuestión abierta si estas estructuras son realizables en nuestro universo y bajo qué condiciones. Hacen falta campos gravitatorios extremos, posiblemente materia exótica y una tecnología muy lejos de nuestra capacidad actual.
En la práctica, lo que ofrece este trabajo es otra cosa. Si algún día la física descubre un mecanismo realista para doblar el tiempo, al menos sabemos que la teoría no obliga a prohibir ese tipo de viajes por miedo a las paradojas. El precio sería aceptar un universo que se defiende solo. Cada intento de cambiar un hecho clave acabaría deformado para mantener la coherencia general.
Puede que no puedas impedir una guerra, una pandemia o un desastre climático viajando al pasado. Puede que solo consigas que la historia encuentre otro camino para llegar a un punto parecido. Suena frustrante para cualquier héroe de película, pero desde el punto de vista de las matemáticas es una buena noticia. El relato no se rompe. Y eso no es poca cosa.
El estudio completo se titula “Reversible dynamics with closed time like curves and freedom of choice” y ha sido publicado en la revista Classical and Quantum Gravity.









