China sostiene que bajo el campo aurífero de Wangu, en la provincia de Hunan, se esconde un yacimiento de más de 1.000 toneladas de oro, con unas 300 identificadas y un valor de unos 600.000 millones de yuanes. Si se confirma, sería uno de los mayores depósitos conocidos. La pregunta es clara. Qué implica para el clima y el medio ambiente abrir una mina tan profunda para alimentar la demanda de oro.
Según la Oficina Geológica de Hunan, los geólogos han detectado más de 40 vetas hasta unos 2.000 metros de profundidad en el campo de Wangu y los modelos en tres dimensiones apuntan a que la mineralización podría alcanzar unos 3.000 metros, con reservas totales superiores a las 1.000 toneladas. “Muchos núcleos de roca perforados mostraron oro visible”, explicó el experto Chen Rulin, que también citó una muestra con una ley máxima cercana a 138 gramos por tonelada de roca, muy por encima de lo que se considera alta ley en minería subterránea.
Las cifras llaman la atención, pero todavía no describen una mina en funcionamiento. Expertos del Consejo Mundial del Oro recuerdan que el número de las mil toneladas es una extrapolación a partir de los datos actuales y lo califican de “aspiracional”, mientras que las unas 300 toneladas a dos kilómetros de profundidad les parecen una estimación más prudente. Por eso reclaman una verificación independiente antes de hablar de reservas probadas y de un plan de explotación concreto.
Geológicamente el hallazgo encaja con lo que ya se sabía de la zona. El campo de Wangu se sitúa en el cinturón orogénico de Jiangnan, una franja donde antiguas colisiones de bloques de corteza abrieron fracturas por las que circularon fluidos calientes que fueron depositando oro. Estudios revisados por pares describen el noreste de Hunan como el distrito con más oro de todo ese cinturón, con recursos que ya superaban las 315 toneladas, de modo que encontrar un sistema grande en este entorno entra dentro de lo esperable.
La cara menos visible del anuncio es climática. Diversos estudios sitúan las emisiones de la minería del oro por encima de los 100 millones de toneladas de CO2 equivalente y estiman que producir un kilo de oro puede implicar más de 12.000 kilos de CO2. Una parte importante procede de la energía que consumen la ventilación y la refrigeración de las minas profundas, que pueden representar alrededor de la mitad del uso eléctrico total. Con crisis climática y facturas de la luz al alza, esa demanda extra de energía no es un detalle menor.
También conviene recordar para qué se usa el oro. Las estadísticas de demanda mundial indican que aproximadamente la mitad se destina a joyería, alrededor de un cuarenta por ciento a inversión y solo en torno a un diez por ciento a usos industriales, incluidos productos electrónicos. Es decir, la mayor parte del metal no acaba en tecnologías renovables ni en soluciones directas contra el cambio climático, sino en lingotes, monedas y adornos que funcionan como reserva de valor o símbolo de estatus.
Por eso gana peso la idea de aprovechar mejor el oro que ya está en circulación. Iniciativas como la nueva planta de la Royal Mint, que recupera oro de residuos electrónicos mediante procesos específicos para extraerlo de las placas de circuito de móviles, ordenadores y televisores, muestran que la “minería urbana” puede reducir la presión sobre nuevos yacimientos. En un mundo donde los residuos electrónicos crecen año tras año, reforzar el reciclaje y la trazabilidad del metal es una pieza clave para cualquier estrategia de sostenibilidad.
El futuro de Wangu dependerá de lo que aporten las próximas perforaciones y de las condiciones que se impongan al proyecto. Si se confirmaran vetas gruesas y continuas de buena ley, el yacimiento podría avanzar hacia el diseño de mina y los permisos, con un coste energético elevado. En cualquier caso, este anuncio reabre una pregunta incómoda. Hasta qué punto tiene sentido seguir empujando la frontera de la minería cuando existen alternativas basadas en reciclaje y eficiencia que pueden cubrir parte de la demanda sin seguir perforando el planeta.
El comunicado oficial sobre el yacimiento de Wangu procede de la Oficina Geológica de la provincia de Hunan y ha sido difundido por la agencia estatal china Xinhua en su edición en inglés, donde se detallan las cifras iniciales del hallazgo.












